Geopolítica, el poder y la economía en las ciudades portuarias de las aguas del Océano Índico

Publicado por  5 diciembre, 2018 5:01 pm Deja tus comentarios

Un texto firmado por Gaetan SIEW, Presidente del Port Louis Development Initiative, Mauricio, y Enviado Especial de ONU-Hábitat.
Fue presentado durante la intervención de Gaetan Siew como keynote speaker durante los Encuentros AIVP Océano Índico (Le Port, Isla dela Reunión, Noviembre de 2018).

En su último libro 21 lecciones para el siglo XXI, Yuval Harari sostiene que hace algunos cientos de años, la gente sabía que dentro de un siglo sus hijos y nietos seguirían necesitando ciertos tipos específicos de profesiones, que luego se transmiten a las nuevas generaciones. Sin embargo, hoy en día el mundo es testigo de alteraciones a una escala global y sin antecedentes que hace imposible pronosticar las profesiones que mantendrán su relevancia en siglos posteriores. Internet, la mayor conectividad, el comercio y las políticas económicas han impactado tanto nuestro tejido social como nuestro tejido económico de una forma que hace apenas un siglo habría sido concebible. De modo que, ¿qué tan buenas son nuestras profesiones actuales? ¿Qué podemos decir acerca de lo que viene? Con respecto a las ciudades portuarias, ¿qué podemos esperar y a qué deberíamos estar atentos?

VÍAS DE COMUNICACIÓN MARÍTIMA

La comunicación ha desempeñado siempre una función clave en la importancia de las ciudades portuarias. Tradicionalmente, los puertos eran los centros donde circulaban las noticias. Un caso interesante es el del volcán Tambora de Indonesia, que erupcionó en el siglo XVIII, provocando alteraciones climáticas a escala masiva en los dos hemisferios del planeta. Fue tal la magnitud de las alteraciones que la comunidad científica, que desconocía la erupción del volcán, comenzó a elaborar teorías sobre las razones científicas para estas alteraciones que estaban totalmente alejadas del evento que las había provocado originalmente. Las teorías se descartaron 8 meses más tarde, al llegar a Europa las noticias sobre la erupción del volcán. Sin embargo, hoy, gracias a los avances tecnológicos, el intercambio de noticias dejó de ser una función de los puertos que han venido desarrollando otras funciones, fundamentalmente de naturaleza comercial, energética, militar y asociadas a los recursos marítimos. Es interesante que esas dimensiones parezcan tener implicancias directas y relaciones eléctricas con el poder.

JUEGOS DE PODER

Un panorama global de los actuales asuntos internacionales a escala macroscópica ofrece algunas pautas interesantes acerca de la actual correlación de fuerzas que están en juego en el Océano Índico. Vemos a un gigante, Australia, que durante mucho tiempo le ha dado la espalda al Océano Índico. Vemos a Asia fortalecer sus políticas y penetración en los territorios marítimos para lograr mayor inversión y prosperidad económica en el largo plazo. En todo el Medio Oriente, vemos la presencia constante de las superpotencias en territorio extranjero, en una representación sesgada para la (sobre)explotación de los recursos en nombre de la democracia. También vemos a una Europa que a duras penas se abre paso en aguas extranjeras para alimentarse, y vemos a un gigante dormido, África, que se dispone a acoger al próximo gran auge demográfico. Y todos, en realidad, están poniendo su atención en el continente del conflicto, de los disturbios, de la pobreza y de la corrupción. La razón de esto es que una clase media en expansión está generando cambios y representando un mercado de consumo que se calcula en miles de millones de dólares. La estabilidad política gana terreno, y con la llegada de convenios políticos y económicos más ágiles, los expeditos intercambios comerciales y el desplazamiento de las personas ofrecerán las nuevas oportunidades tan deseadas por los países productores.

En la búsqueda de nuevos mercados económicos para aumentar la base de consumidores, los países destinan grandes esfuerzos en desarrollar políticas y estrategias que cubran espacios cada vez más amplios. Uno de ellos es China y su iniciativa One Belt One Road [Una franja, una ruta], rebautizada después con el fin de demostrar que no están creando una única ruta, sino muchas. La ruta marítima de la seda, comúnmente conocida como el collar de perlas chino, plantea interesantes interrogantes (e inquietudes) en cuanto a la penetración de China de una serie de puertos asociados a lo largo de un corredor cuidadosamente diseñado. Aún en países con un PBI por habitante menor al de diminutos países tales como Mauricio, China emprende estrategias de penetración extremadamente agresivas que le garantizan la explotación de bases de consumidores cada vez mayores. Una de ellas es el financiamiento de esencial infraestructura a cambio de acuerdos de largo plazo desfavorables, algo que ha sido criticado por muchos. Esto se ha descrito como la “diplomacia de la trampa de la deuda”, que compromete a países en vías de desarrollo, que claramente no tienen capacidad de pago, en montos insustentables de subsidios, ayuda extranjera y préstamos. La última víctima fue Sri Lanka, que debió ceder a China su puerto además de miles de hectáreas de terreno circundante, sin duda, para llevar a cabo proyectos de expansión.

El vínculo que tiene la diplomacia de la trampa de la deuda de China con el Océano Índico se está volviendo más evidente, aunque esto no desalienta a los países que aspiran a una inyección de efectivo. Esto tiene que ver con la miopía de las agendas de políticos que buscan resultados rápidos en ciclos políticos de corto plazo. Este es un terreno en el que se forjan las reglas de la geopolítica, y esta miopía se explota para obtener ganancias en el largo plazo. Lamentablemente, muchos países caen en estas falacias, lo que se puede apreciarse en toda la ruta de la seda de China, repleta de países azotados por la pobreza. El caso de Yibutí es un interesante caso de estudio. En ese país, el 77 % del endeudamiento está relacionado con un único país, China, y la mayor parte de la inversión está relacionada con los puertos y las infraestructuras que los conectan con el interior y que ofrecen servicios para productos destinados a un mercado de consumo que no recibe los servicios que brindan las posibilidades de las corrientes marinas.

Este tipo de conexión con el interior se potencia aún más por los acuerdos de cooperación regional, pero esto puede hacerse solo por medio de la normalización y armonización de las políticas y los procesos. Uno de los ambiciosos proyectos en esta línea es el ferrocarril que conecta a Yibutí con Dakar, que puede tener un efecto directo sobre las rutas marítimas a medida que van apareciendo rutas más cortas y rentables. ¿Qué sucede entonces con las ciudades portuarias que están más al sur de la ruta desde Yibutí a Dakar? ¿Cómo será el impacto económico? Y, ¿las ciudades del interior serán, para variar, el nuevo nexo para las posibilidades económicas? Estas son preguntas complejas que es necesario considerar. Por cierto, con el tiempo se presentarán soluciones, pero debemos ser enfáticos en que este proceso requiere inclusión y equidad social.

ESPERANZA

Nunca está demás ser enfáticos con respecto a la equidad social, pero cuando la economía prevalece sobre la sociedad, es un proceso engañoso. Y cuando se invierten grandes recursos en la protección de las infraestructuras económicas. Esto ha sido objeto del creciente interés de las diversas superpotencias en ubicaciones destinadas a bases navales en el Océano Índico para supervisar las operaciones y ofrecer un entorno “seguro” (con esto puede alterarse) para proteger las inversiones en gaseoductos y la extracción de combustibles fósiles. Vemos otras bases militares dirigidas hacia los conflictos en Corea del Norte, Irán, Irak y Siria. Y vemos surgir nuevos tipos de modelos urbanos tales como, una vez más, el caso de Yibutí, que albergan media docena de bases militares que comparten el territorio, extrañamente, en tiempos de paz. ¿Cómo salvamos las distancias entre estas bases militares y los conglomerados urbanos, y por cierto, las infraestructuras portuarias?

La economía, el poder y las fuerzas geopolíticas son todas fuerzas que participan en un juego de tira y afloja que conduce al modelamiento de las ciudades portuarias. ¿Cómo integrar a todas estas fuerzas en un modelo sinérgico y posiblemente simple? Una pregunta que aún está por responderse, pero que esencialmente subyace en otra pregunta: ¿Cómo puede materializarse una sociedad que se beneficie de aquellos que están sobre, y por encima, de las ambiciones políticas y económicas, ya se trate de lo local, lo regional o lo global?

 

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