Después del drama de Beirut, ¿hacia una movilización ciudadana por más seguridad industrial en las ciudades portuarias?

Publicado por  2 septiembre, 2020 2:50 pm Deja tus comentarios

Este texto es una traducción de la opinión de Olivier LEMAIRE, Director General de la AIVP, publicada originalmente en el sitio web LaTribune.fr.

➡️ Lea la versión original en francés en el sitio web de La Tribune.


Varios días después del drama que tuvo lugar el 4 de agosto en el puerto de Beirut y sin querer sacar conclusiones precipitadas de la investigación que tan sólo acaba de empezar, se sospecha ya la existencia de problemas, infelizmente conocidos, de gestión en el almacenamiento de 2750 toneladas de nitrato amónico, un producto químico altamente explosivo bajo algunas condiciones.

Un gran número de comentarios en la prensa internacional afirman hoy que muchos puertos en el mundo son potenciales «Beirut». Ante las impresionantes imágenes que han dado la vuelta al mundo mostrando los estragos provocados no tan sólo en el puerto, sino también en el conjunto del área urbana, los ciudadanos de las ciudades portuarias están evidentemente preocupados. Ya en 2015, después del terrible incendio que había destrozado el puerto de Tianjin (China) y sus consecuencias en términos de contaminación química pesada en toda la ciudad, en un contexto de negligencia y corrupción, asociaciones ciudadanas, representantes electos, y organizaciones internacionales llamaron la atención de las autoridades portuarias y del conjunto de los actores del rubro con relación a estos temas de seguridad. Está claro que, una vez más, una movilización de este tipo tendrá lugar durante los próximos días y meses.

Puertos urbanos y riesgos industriales

Con el crecimiento asombroso de los intercambios internacionales en medio siglo de globalización, el transporte y el almacenamiento de los materiales peligrosos, a veces realizado en el corazón de densas aglomeraciones, se han desarrollado de forma proporcional y como consecuencia ha implicado el riesgo de accidente grave. Para prevenir este tipo de catástrofes, las autoridades portuarias han establecido desde hace mucho tiempo rigurosos procedimientos de gestión y de seguimiento del riesgo industrial. Un accidente sigue siendo un fenómeno raro y su origen, tal como parece serlo el de Beirut, se encuentra generalmente en una multiplicidad de factores. El riesgo cero no existe, y los habitantes de las ciudades portuarias son frecuentemente llamados a recordar que ellos también viven cerca de recintos industriales sensibles, con procedimientos que deben ser respetados. En Francia, desde 2003, los planes de prevención de riesgos tecnológicos (PPRT) que asocian a todos los actores involucrados y la población, se multiplican en las zonas urbano-portuarias desde Dunkerque hasta la isla de Reunión… Desde hace más de una década, se desarrolla una normativa específica con relación al transporte de las mercancías peligrosas en los puertos, en vínculo con las diversas convenciones internacionales (ISPS, SOLAS, …). La cuestión clave es saber en qué medida estas múltiples instancias reglamentarias internacionales y nacionales son efectivamente aplicadas en el terreno.

Hacer la ciudad con el puerto, una cuestión de concertación y negociación ante los riesgos

El tema cobra una considerable importancia a partir del momento en que la mayoría de las ciudades portuarias desean acercarse de su puerto en el marco de operaciones de transformaciones urbanas con waterfronts “con vistas al puerto”. Un puerto significa centenas de hectáreas que albergan actividades industriales riesgosas, pero también significa a diario camiones, trenes y embarcaciones, que, si bien son necesarios para el transporte de las mercancías peligrosas, pasan a veces cerca de las viviendas, de las escuelas, de los museos, de los centros comerciales o de terminales de cruceros y sus naves enormes. En Europa, para controlar el riesgo industrial, los grandes puertos petroquímicos como Amberes, Marsella, Barcelona, Le Havre o Róterdam, han adoptado documentos muy específicos para la gestión de sus territorios. Por lo tanto, no podemos culpar a los responsables portuarios que de forma frecuente se oponen vigorosamente a las aspiraciones de los representantes electos y de los ciudadanos, que en su legítima voluntad de querer “hacer la ciudad con el puerto”, pueden desconocer o subestimar los riesgos de accidentes industriales inherentes a la actividad industrial.

Todo es cuestión de explicar y negociar. Un proyecto urbano ambicioso para la comunidad puede requerir el desplazamiento de algunas actividades portuarias de mayor riesgo, como por ejemplo en Sevilla, donde la relocalización del almacenamiento de hidrocarburo es una condición necesaria para el proyecto de realización de un área recreativa cerca de una dársena portuaria. El tema del riesgo industrial se resuelve de forma natural cuando el puerto industrial se traslada a 40 km de la ciudad, tal como en Helsinki, dejando apenas las funciones relativas a los cruceros. Pero las operaciones de este tipo son extremadamente costosas, y raras. Un desarrollo portuario estratégico puede, al contrario, suponer una fuerte limitación del desarrollo urbano, como en Moorburg en la zona de expansión del puerto de Hamburgo, con las tensiones inevitables que esto ha provocado, pero en el marco de una concertación ciudadana.

Al igual que para cualquier tipo de actividad industrial estrechamente relacionada hoy a nuestro modo de vida y que aceptamos de forma colectiva, la gestión del riesgo en un medio urbano-portuario es evidentemente, según los desarrolladores del concepto de “hacer la ciudad con el puerto”, un dato estratégico primordial que debe ser considerado. Las preocupaciones de los habitantes de las ciudades portuarias, que sin duda serán legítimamente compartidas en los próximos días, exigen respuestas por parte de las autoridades locales, que deberán demostrar la más absoluta transparencia. No podemos sino desear alcanzar el objetivo de cero accidentes, pero la vigilancia ciudadana debe ser fomentada por las propias autoridades portuarias en el marco de procedimientos o herramientas de concertación local (tales como los Port center). Cuando el ciudadano se convierte en socio, y no tan sólo en un espectador de la dinámica puerto-ciudad, el conjunto de la comunidad puerto-ciudad saca provecho ¡y muchos dramas podrían ser evitados de esta forma!

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